Día de la mujer y la niña en la ciencia: niñas hoy, mujeres mañana

Hoy se celebra el Día de la mujer y la niña en la ciencia, y como científico de profesión, no podía dejar de escribir un breve texto para recordarlo en el blog de la A.M.P.A. Precisamente una de las cosas que más me llamó la atención durante la jornada de puertas abiertas donde conocimos el colegio por dentro, fue que los pasillos estaban plagados de collages y manualidades que conmemoraban a grandes mujeres científicas; al parecer, había sido el tema del año. Ni que decir tiene que aquel detalle me ganó de calle. Como mi muchacho todavía está en infantil, no sé si en otros cursos habrán celebrado de alguna manera este día, más aún cuando la fecha concreta ha caído en domingo; así que me he tomado la libertad de escribir este post para, como mínimo, darle un poco de bombo. Me voy a permitir la licencia de recomendar la lectura de un par de artículos de mi puño y letra: uno de ellos es la historia de una mujer, una artista, que pese a no ser científica jugó un papel crucial en el desarrollo de uno de los mayores descubrimientos de la historia. Se trata de Odile Crick y su labor con la famosa doble hélice del ADN, y el artículo podéis leerlo en la web de Principia. Y luego os podéis pasar por mi propio blog, donde he homenajeado el trabajo de tres de mis jóvenes compañeras, que han defendido recientemente su tesis doctoral con trabajos impresionantes.



Porque, en mi opinión, más que sesudas conferencias y estudios de gran calado (que también hacen falta, por supuesto), a veces la mejor estrategia para promover la igualdad y estimular las vocaciones es, sencillamente, apartarse a un lado y hacer bien visibles los ejemplos más inspiradores, cuantos más, mejor. Sí, es importante que las niñas sepan que las mujeres juegan y han jugado un papel crucial en el desarrollo científico y tecnológico, igual que lo han hecho en el arte, en la política, en la economía y absolutamente en todas las disciplinas y categorías del saber y las profesiones humanas. Porque las niñas de hoy, serán las mujeres del  mañana. Y si en ese mañana ya no hay que distinguir entre ciencia, arte, ni ninguna otra profesión porque el trabajo se respeta y defiende por igual, ni se tiene que explicar que entre hombres y mujeres no hay diferencia que justifique el ninguneo y el menosprecio de la otra mitad de la población, podremos olvidarnos de celebraciones y de fechas.

Hasta entonces, feliz día para todas.

Carlos


Talleres huerto de infantil enero 2018: UNA RAMITA EN TU PELO

                                    
                                                                                                                    
Tumbada en tu cama, durmiendo tan a gusto, con tus mofletes sonrosados y las manos estiradas hacia atrás, tan tranquila y feliz, mi pequeña niña, mi adorada Julia, me pareció que tenías una pequeña ramita de color marrón enredada en tu pelo; me quedé mirándote, por un instante, disfrutando de tu pausada respiración, y te dije, apenas con un susurro, “te cambio la ramita por un beso”. Entonces, muy lentamente, me incliné sobre ti y aparté con mucho cuidado algunas greñas rebeldes de tu frente; con mucha dulzura, para no despertarte, extraje la pequeña ramita de entre tu pelo y te di un beso...
¡Aquí tiene tu beso cariño! ¡Te lo has ganado! ¡Yo me quedo con tu ramita, pero no te preocupes, la protegeré y la guardaré con mucho cariño, como siempre que me pides que te guarde todas las cosas que deseas guardar, y lo haré donde tú bien sabes, en el lugar más especial del mundo, en lo más hondo del corazón!...
Tú, apenas diste un leve suspiro, te giraste y continuaste con tu sueño feliz...

Y así, mi pequeña niña, para que estemos los dos mejor, atraparé tu mano ligera, como antes, en el huerto del cole, ¿te acuerdas?, y me uniré a tu sueño, me relajaré y me dejaré llevar, seré como tú, pequeñita, liviana como las hojas de un árbol, igual que las semillas de los guisantes, tan importantes y a la vez tan desvalidas, listas para germinar y para empezar a crecer, listas para desplegar sus alas al viento y empezar a vivir. Y pondré mis manos junto a las tuyas, junto a las manos de todos los demás niños, curiosas, suaves, tan delicadas, expertas, porque solo desde la inocencia se alcanza la absoluta certeza de la verdad, sin prejuicios, sin ataduras...Y con las manos, removeremos la tierra que se nos quedará pegada y la miraremos sonriendo como quien mira al cielo y de pronto, se encuentra con una nube de aspecto curioso que le hace sonreír...

Y correremos juntos igual que antes ¿te acuerdas mi niña?, de un lado para otro, camino del huertecito del cole, con esas preciosas pegatinas de brócoli en el pecho, chillando, sintiendo esa emoción tan divertida por dentro, al encuentro de la aventura, con esa mirada que lo dice todo, con esa mirada que tú me regalas cada día al despertar y que es mi tesoro más preciado, con esa mirada compartida de felicidad y de brillo, y hasta allí llegaremos, corriendo, saltando, y hasta nos caeremos al suelo y nos rascaremos un poco las manitas, pero al fin llegaremos a la tierra prometida de nuestro huertecito del cole, lugar de encuentro de pequeños duendecillos y de alguna que otra hada soñadora...

Entre tanto, mi pequeña niña, la vida se hará mirada, mirada para los que aprenden y sienten con los ojos repletos de luz y nuestro corazón se volverá un poquito loco de tantas emociones compartidas, y solo querremos dar abrazos a quien tenemos cerca, y también, querremos volver a meter la mano en la tierra mojada y sentir su frescor, y querremos tocar las semillas, y sentir el olor de las hortalizas, y hasta querremos tirarnos el agua por encima...porque todo lo nuevo es aprender, y la mejor manera de aprender es soñando...

¿Sabes mi niña? Me hace muy feliz mirarte mientras duermes. Es como si la vida estuviera parada en una preciosa foto. Mueves tus manitas, tus pies, te tocas el pelo, das una vuelta en la cama, parece que estás sonriendo, y sigues durmiendo...

Aún tengo tu ramita en la mano, descuida, la voy a guardar bien, como te dije antes, no la perderé nunca. Mientras tanto, en la mesa de la cocina, una botellita con cara convertida en maceta, en tu clase un cajón mágico que pronto se convertirá en selva tropical y en el corazón de ambos una ramita de color marrón convertida para siempre en beso. Nada es imposible en la vida, y mucho menos, en la tierra prometida de nuestro pequeño huerto escolar.




¡Gracias Toni por tus maravillosas fotos!
¡Gracias comisión mini huerto de infantil, por hacer posible lo imposible!
¡En especial, gracias Isa, por soñarlo mucho antes de que se hiciera realidad...!
Y a las seños de infantil, gracias por vuestra ayuda y complicidad...

Y como no, a los niños, viajeros incansables camino de la tierra de Nunca Jamás...



¡A seguir construyendo sueños!




Cosas bonitas que suceden en el cole Humanista Mariner...


                                                                  ¡mezcla el mundo!

                                                                  una caricia del sol

                                                           ¡magia en pequeños frascos!

                                                                      ¡aprendizaje!

                                                                  ¡duendes en acción!

                                                                      ¡Pequegrandes!
                                                                    ¡con mucho amor!

¡experiencia compartida!

                                                   ¡Una ramita en tu pelo!




Pequeñas lecciones”


Pintar un sueño con su verde tapiz
lanzarlo al cielo, como un acertijo
cruzar abrazos, alzar las manos
volver a la tierra...
para tocarla, sentirla...quererla

una manita ligera y feliz
que atrapa la mía, cautiva
dejándose ir
una carrera improvisada junto al patio
lenta, atenta, sonriente

la vida en una mirada
corazón que se desboca
pies pequeños correteando
manos grandes que se chocan
complicidad, pasión y certeza
pequeñas y grandes lecciones

duendes curiosos y verdes
pegatinas de brócoli en el pecho
semillas plateadas de agua
tierra fresquita y apelmazada
pequeñas valiosas lecciones

y así fue la siembra
fertilizante de emoción e inocencia
preguntas eternas en la distancia
¡qué sabía es la infancia!...
grandes lecciones de vida.







Juanvi


Plan Convivencia 2017-2018: Un camino "emocionante" por recorrer




Kilómetro uno de la vida. Empieza la gran aventura. Falso llano y kilómetros tranquilos de curvas amplias muy fáciles de trazar, el cuerpo recién estrenado se despereza, todo es nuevo para él, la vida se abre paso con un realce especial, es la luz más nítida del mundo, la de la propia inocencia de la infancia.


Al paso por el kilómetro tres de la vida, las cuestas de la montaña amplían un poquito su dificultad, pero no demasiado…por dentro se sienten cosas, el cuerpo las quiere expresar, hace gestos, reacciona, a veces se enfada, a veces está muy alegre, otras veces quiere llorar porque no puede tener algo o porque algo le da pena…y siempre, siempre a nuestro lado, hay otros muchos que corren, cada uno a su ritmo, cada uno a su manera, y entonces, se cruzan las primeras miradas de complicidad y se esboza alga maravilloso llamado “amistad”…¡Qué bonito es descubrir los primeros amigos de la infancia!

En esta primera “cuestecita” divertida de la vida, uno solo quiere jugar, entender y divertirse…uno solo quiere abrazar, soñar y disfrutar.

Y a estas alturas, corriendo, corriendo…jugando, jugando, ya sabemos que existen los “sentimientos” y las “emociones”, y que es algo que nos pone el corazón y el cuerpo “a colores” y la carita de distintas maneras… este año, en nuestro cole, estamos aprendiendo a comprenderlos ¡Menuda aventura divertida!

Vamos avanzando por el camino, pasamos por el cinco, el seis…el siete, la vida va fijando algunas dificultades, aparecen nuevos retos y las piernas poco a poco se van curtiendo. Y en nuestra carrera, nos sentimos fuertes, sentimos nuestra imaginación, creativa y potente, y las ganas de compartirla, y aprendemos a respetar lo que los demás sienten y cómo lo sienten, y así, la experiencia del camino se hace cada vez más gratificante. ¡Es tiempo de soñar con ganas! Y en los pequeños descansillos de la montaña se atisban paisajes llenos de luz. ¡Lo mejor está por venir!

Este año en nuestro cole estamos recorriendo un “emocionante” camino. Mamis, papis, profes, peques y mucho más…autoconocimiento, respeto, legitimación de nuestros propios sentimientos y de los sentimientos de los demás, la increíble y maravillosa “inteligencia emocional”, la empatía…Y todo ello, con el gran objetivo a largo plazo de que los peques…y no tan peques, exploren, entiendan e identifiquen por sí mismos las divergencias que puedan surgir y encuentren soluciones a la medida de sus necesidades.

Y vamos a seguir avanzando, pasaremos por el ocho, el nueve, y habrá curvas en el diez, pequeños toboganes entre el once y el doce, alguna que otra pared en el trece, pero siempre a nuestro lado las miradas de complicidad y el esfuerzo compartido, y sobre todo…la ilusión por el futuro y la esperanza. ¡Cuánto camino por recorrer! Y al paso por cada kilómetro, más juegos, más días de compañerismo, participación, creación de relaciones positivas, experimentación de las emociones, la valoración de los demás, la comunicación eficaz, la cooperación en el bienestar de todos… y tantas y tantas cosas aún por descubrir. ¿No os parece apasionante este camino?

Y con los peques, nosotros siempre a su lado, acompañando cada una de sus zancadas, creando ese clima de convivencia en el que todos los peques, papis y profes, gocemos plenamente del placer de aprender creciendo, al tiempo que ascendemos kilómetro a kilómetro por la ladera despejada de la vida, disfrutando de sus preciosos y rojizos atardeceres… 


¡Este mes comenzamos los talleres del Plan Convivencia 2017-2018 para padres y madres! ¿Nos acompañáis en este viaje?





Juanvi (Comisión Convivencia)







Niños abandonados

Hoy quiero compartir con vosotros una noticia. Os advierto que no es agradable; casi seguro os producirá pena, rabia, y seguramente también frustración. Y si no es así… probablemente la decisión de escribir lo que vais a leer a continuación haya sido más acertada de lo que pensaba. Pero bueno, leed la noticia, y también la carta original en la que se basa. Dejad pasar un rato, examinad bien lo que sentís y, si os apetece, reflexionemos un poco sobre ello.

Porque hay mucho, muchísimo que reflexionar al respecto. Podríamos extendernos páginas y páginas intentando explicar las complejidades de una condición enmarcada en lo que conocemos como Trastornos del Espectro Autista; entrar en la dificultad de diagnosticar y clasificar los diferentes grados de afectación, las dificultades que entraña comprender la base biológica de estas alteraciones, o la carencia de tratamientos y terapias totalmente efectivos para revertirlas; hablar de la problemática que supone para los afectados y sus familias o, incluso, de la diferenciación que en la sociedad hacemos cuando hablamos de “trastornos”, el cómo tratamos todo aquello que se aleja de una “normalidad” meramente basada en la estadística, en la acuñación de términos que intentan desterrar esta idea, como “neurotipia”... Todo ello nos llevaría a dejar de lado las cuestiones estrictamente médicas para acercarnos a un interesante y tal vez necesario debate sobre la diversidad, la inclusión, el respeto a la diferencia y la erradicación de los prejuicios. Todas esas ideas sobrevuelan el texto de Patricia, que espero hayáis leído. Pero la mayoría de los que visitáis esta página sois padres y madres de niños que van a un centro educativo todos los días, niños que comparten horas de clase, juego, comida y ejercicio con otros tantos niños y un buen puñado de adultos. Y estoy seguro de que ninguno de vosotros es capaz de pensar en otra cosa que imaginar a su propio hijo en la situación de Leo, sucio, solo… abandonado. Abandonado por sus maestros, abandonado por los responsables del colegio, abandonado por la administración… y abandonado por sus compañeros. Compañeros normales neurotípicos y compañeros con mayor o menor grado de incapacidad para comunicarse. Compañeros más mayores o compañeros más pequeños. Todos lo dejaron solo.

La intención de mis palabras no es culpar a esos niños, nada más lejos. Pero su nula reacción ante un compañero en una situación claramente perjudicial es lo más sintomático de toda esta historia: por más que queramos convencernos de lo contrario, los niños no nacen siendo buenos compañeros. Si bien es cierto que la bondad, el altruismo y la solidaridad tienen una fuerte componente biológica (la nuestra es una especie social, para la que esos valores han supuesto una ventaja adaptativa que ha propiciado gran parte de nuestra evolución hacia lo que hoy somos), también somos una especie fuertemente sujeta a condicionantes culturales. Podemos nacer más o menos buenos, egoístas, tener una predisposición a la conducta agresiva o ser de natural mansos; pero aprendemos a ser de otra manera. Copiamos lo que vemos alrededor, absorbemos como esponjas lo que nuestros padres, familiares, amigos, maestras no solo nos enseñan, sino que nos demuestran con sus actos y actitudes. Y ahí es donde quería llegar: esos niños no han sabido, no han podido, ayudar a otro niño.

Seguramente se habrán sentido violentados, asustados, si no indiferentes ante un chico que de normal no habla casi, hace cosas raras. No es culpa suya. Y tampoco voy a echar culpa sobre nadie, puesto que no conozco los detalles del caso ni de la institución (aunque me cuesta imaginar a cualquier persona que se considere humana pasar al lado de un niño sucio y solo, dentro de una institución educativa, sin hacer algo, lo que sea, como mínimo dar la voz de alarma o buscar a alguien capacitado para hacerlo); podría echar la culpa, con bastante tranquilidad, sobre la administración que propone, diseña y se vanagloria de “gestionar” centros y aulas donde se “integra” (¿integración? ¿inclusión? alguien debería de verdad aclararnos estos términos, su alcance y su práctica) a todo tipo de niños independientemente de sus capacidades, para promover la diversidad y fomentar el respeto a la diferencia. Muy bonito sobre el papel, totalmente absurdo si no existen recursos humanos y logísticos para llevarlo a cabo. Pero la falta de recursos no puede ser una excusa, no podemos quedarnos de brazos cruzados ante un niño abandonado a su suerte y a la soledad sentado sobre su propia suciedad.

No me cabe en la cabeza que se necesite ser padre para identificarse con el caso, o que, como yo, se conozca personalmente a los protagonistas de la historia, para llevarse las manos a la cabeza ante semejante muestra de deshumanización de nuestra sociedad. Porque Patricia, Arturo y Leo son mis amigos. Obviamente, en estas líneas que escribo descargo mucha frustración personal, y seguramente estaré perdiendo objetividad, pues me imagino a ese pedazo de chico que es pura energía y cuyos ojos dicen más que las bocas de muchos adultos perfectamente “normales”, solo y olvidado, rodeado de personas grandes y pequeñas que no pueden, no saben, o no quieren siquiera intentar hacer algo por él. Cualquiera de las opciones es igualmente terrible: poder, querer, saber… pero todas pueden cambiarse. Todas pueden corregirse.

Me he preguntado muchas veces, como seguramente muchos de los que leéis esto, para qué servía, cuál era el propósito, en qué se basaba el proyecto llamado “Convivencia” en nuestro colegio. Hoy lo tengo más claro que nunca. Los valores que faltan en esta historia: la empatía, el coraje, el amor, la amistad, la solidaridad… todos ellos se pueden enseñar. Se deben practicar. No creo que sea obvio ni fácil, ni entiendo los entresijos del programa, ni sé con certeza si será el más eficiente para llevarlo a cabo. Pero lo que sí está claro es que es necesario. Porque yo no quiero que mi hijo distinga entre sus compañeros. No quiero que aprenda a mirar hacia otro lado. No quiero que la diferencia suponga para él un motivo de separación, sino de riqueza e interés. Quiero vivir en una ciudad donde podamos llevar la cabeza bien alta porque en nuestros colegios hay sitio para todos, donde se priorizan los valores más humanos, aquellos que nos permitieron salir de la sabana y dejar de valernos de dentelladas y empujones.

Hay motivos para la esperanza. Estos pequeños toques de atención (pequeños para nosotros, no para quien los sufre) terminarán haciendo reaccionar, como parece que empieza a suceder. Historias como la que hoy os traigo deben servirnos para hacer saltar las alarmas, para recordarnos que a cualquiera de nosotros nos podría haber pasado lo mismo, que la lotería genética no hace distinciones y que ponernos en la piel de otro no es solo necesario, sino además muy fácil. Trabajemos juntos por un colegio donde ningún Leo se sintiera abandonado. Porque estos colegios son la sociedad del mañana. Y francamente, si queremos que nuestros hijos vivan en una sociedad mejor que la que tenemos en este momento, nos queda mucho por trabajar. No lo dejemos para más tarde.

No los abandonemos.

Carlos

ACTUALIZACIÓN: en este enlace podéis leer una segunda carta que me ha pasado Patricia, donde ella misma nos aclara muchas cosas y nos cuenta las inesperadas repercusiones de su anterior texto. Queda demostrado que contar las cosas, llamar la atención y poner el grito en el cielo es una forma bastante útil de cambiar las cosas, aunque no fuese la intención inicial...


Comisión Cultural-Fiesta de Navidad: CUENTAN QUE...




Se dice que existe un cole al sur de la ciudad, justo por donde antaño pasaba el tren serpenteando entre los huertos, en donde nada es lo que parece, en donde los que parecen ser niños, no lo son tanto, y resultan ser valientes superhéroes, simpáticos villanos, viajeros incansables, antiguos profesores con bigote y pipa, porteadores de alfalfa y quien sabe que otras cosas más... Y en donde los que parecen ser adultos, no lo son tanto y parecen más bien, pequeñajos pasándoselo en grande...

En este cole tan especial, todo lo que alcanza la vista es patio, y el patio, muchas veces, se convierte en pradera, se convierte en camino que va y que viene, rodeado de árboles, con un río sonando en uno de los extremos de la senda, con el aire soplando entre los arbustos y la verde hierba creciendo en sus orillas...

Y hace muy poco que volvió a suceder esta magia tan particular, en este cole tan diferente, situado en la parte sur de la ciudad, justo por donde la brisa acompaña a los aviones en su rápido descenso hacia el aeropuerto...

Cuentan que en aquellos días previos a la Navidad, llenos de alegría, de sol y alguna que otra pizca de lluvia, unos cuantos niños grandes se solían reunir, casi clandestinamente, en este cole tan especial, para preparar quien sabe que tipo de acontecimiento increíble. Solían juntarse poco después del amanecer, o en ocasiones al caer la tarde, y siempre pasaban largas horas escondidos sin que los demás supiéramos muy bien lo que estaban haciendo. A veces se les veía con cartulinas, papeles, tijeras, maderas, pegatinas, cachivaches irreconocibles, extraños ornamentos...Cuentan que incluso se les llegó a ver porteando ladrillos...

A medida que pasaban los días, sus reuniones se hacían más y más largas, y sus idas y venidas cargados con extraños y secretos bultos, más habituales. En el cole, mientras tanto, al tiempo que avanzaba el otoño, algunos cambios se iban produciendo: aparecían murales llenos de colores, la música se hacía cada mañana más y más divertida, y ese patio eterno que no alcanza la vista se iba convirtiendo poco a poco en un mundo peculiar de pequeños superhéroes, aventureros soñadores, turistas enloquecidos, altruistas mercaderes, cocineros vocacionales, malabaristas empedernidos...y quien sabe que otras cosas más.

Cuentan que aquellos niños y niñas grandes, en sus secretas reuniones, aplicaban una suerte de magia o sortilegio, que consistía en convertir las ilusiones en realidad. ¿Sería aquello posible?

Cuentan que en el día señalado aquel cole amaneció como nunca antes se le había visto. Cuentan que el sonido del tren, que antaño bordeaba las viejas huertas del sur, se volvió a escuchar de nuevo en la mañana. Y que las huertas brillaban al sol a ambos lados de la acequia que muy generosamente las regaba. Y cuentan que la brisa viajaba sola por el cielo, que nada quedaba de aquellos aviones que solían descender junto a ella. Cuentan que un precioso mercado se desplegó, como si de un poblado se tratara, en aquel patio infinito de inabarcable vista. Entonces, como de la nada, surgieron magníficos artesanos capaces de moldear bigas de madera, hierros forjados y hasta encurtidos, y que un pequeño burro los acompañaba a todos lados, bien alimentado de alfalfa y de heno, aquel burrito se sentaba y se volvía a levantar, todo lo miraba con gran curiosidad...Y hasta había una repostera y una alegre castañera y agricultores de la huerta y vendedores de ungüentos y de golosinas y de panes artesanales, e incluso estaban los que vendían pizzas y bocadillos de nocilla, y los del turrón del bueno y los del malo y los de la torta de almendras y los de la manzana, la pera y hasta la uva...Y había incluso un Rey Mago, piel tostada y aspecto abigarrado, muy propio de los habitantes del sur de la ciudad, en aquellos lejanos tiempos...

Cuentan que fueron algunos padres y madres los que crearon aquel sortilegio maravilloso, papis y mamis que se dieron a llamar algo así como “Comisión Cultural o Comisión de la Navidad”. Tal vez fuera así, o tal vez no. ¡Mejor dejarlo a la imaginación! ¿No creéis?. Afortunado quien los pudo ver de acá para allá, con sus cachivaches y sus trastos, pues no era fácil detectarlos, siempre con sus reuniones secretas y sus extrañas magias. Y así fue como aquel grupo de padres y madres, no tan adultos, más bien niños, lograron su objetivo de convertir las ilusiones en realidad, en este cole tan especial situado justo al sur de la ciudad, allí donde nada es lo que parece, allí donde si cierras los ojos con fuerza todavía puedes sentir como el sol acaricia la huerta al tiempo que la brisa sopla libre desde el cielo.




A los Papis-Mamis de la Comisión Cultural-Comisión Navidad.
¡Gracias por ser magia!


                                                                       ¡Pura magia!

                                                                      reunión secreta

                                                                   ¿Qué tramarán?

                                                                  ¡El burrito sabanero!

                                                                       En este cole

                                                                    todo es posible

                                                             






Juanvi

Oficios y prejuicios

Finaliza el año, y multitud de actividades del primer trimestre de clases pugnan por subirse al primer puesto en el podio de Grandes Momentos Educativos. Pero sin duda, si hay una que destaca y consigue alzarse con el galardón, es la que nos llevó a algunos padres de Infantil a visitar el aula a lo largo de varios lunes consecutivos, para contar a los niños cuál era nuestro oficio o profesión. Cualquier actividad que implique poder visitar el aula y ser testigo de un día de actividad interna en la clase de los nanos es en sí misma enriquecedora y muy valiosa; pero en este caso, además, proporciona la oportunidad única de ser partícipe de la labor educativa diaria, actuando como un profesor más en el aula, siendo el centro de atención de los alumnos e interactuando con ellos. Una de las cosas que más me importaban a la hora de decidir el colegio era que se permitiese, de cuando en cuando, dar la oportunidad a los padres y madres interesados de participar en actividades de este estilo. Y desde luego, no me he sentido defraudado, más bien al contrario.

Básicamente, la actividad consiste en algo muy simple: presentarse a la clase como un profesional de determinada actividad, y enfrentarse al reto de conseguir que los niños comprendan dicha actividad, algunas características de su día a día, su valor para la sociedad, y en definitiva cualquier otro aspecto que se quiera resaltar. Para cumplir tamaña misión (nada fácil ante un público que puede desde dormirse a mitad explicación, hasta interesarse más por un moco recién sacado, con toda una amplia gama de variantes entre ambos extremos) el padre o madre en cuestión puede ayudarse de cualquier recurso que se le ocurra, desde presentarse con su uniforme de trabajo hasta proyectar imágenes en la pizarra digital, pasando por llevar utensilios y hacer demostraciones prácticas.

En nuestra clase, la iniciativa dio como fruto un compendio de actividades profesionales de lo más variopinta y diverso, lo cual es una muy buena señal de la diversidad de familias, intereses y oficios que pueblan el cole. Por orden cronológico, la ronda la empecé yo mismo, con la difícil tarea de hacer comprender a la muchachada lo que significa ser investigador en biomedicina y profesor de universidad; no es un reto en absoluto fácil, pero tampoco era la primera vez que me disponía a explicar mi profesión ante un público imberbe. Creo que salí del paso bastante bien; entre las fotos del laboratorio y la universidad, y la actividad que les preparé para explicar las vacunas y su relación con el sistema inmunológico con unos simpáticos dibujos para colorear, parece (según encuestas posteriores a pie de parque) que los chavales entendieron que mi profesión era “investigador” (no se sabe bien de qué, pero que investigaba algo, lo tenían claro), o “algo como un médico”. Incluso hubo quien acudió al poco tiempo con renovada valentía a la cita de vacunación en el pediatra, gracias al haber personificado los microbios y “policías” del cuerpo con los dibujitos de clase. Lo considero un éxito a todos los niveles, la verdad… y perteneciendo a un colectivo tan invisible para la sociedad como los científicos (así, en general), no puedo sino agradecer la oportunidad de sembrar la curiosidad en los más jóvenes sobre lo que hacemos los de mi gremio.

Estos son los dibujitos que preparé para utilizar en mi sesión; para los curiosos o interesados en usar la actividad en su casa/clase/club social, pueden leer una explicación detallada que he publicado en mi blog.

La ronda continuó con una combinación de padres policías, uno local y otro nacional (imposible arrebatarles el primer puesto en molonidad, después de plantarse en la clase con sus flamantes uniformes); con un padre abogado, ataviado con toga y simulando un juicio; siguieron una pareja de restauradores, que explicaron la diferencia entre “viejo” y “antiguo” (la gran estrella de la sesión fue un molinillo de café que tenía, según mi propio vástago, por lo menos CIEN AÑOS); un conductor de autobús, al que los alumnos perdonaron que no llevase el vehículo a clase porque les pareció bien lógica la excusa de que “no cabía”; una arquitecta que les enseñó cómo convertir un plano, en un edificio (incluyendo construcción manual de casetas a partir de planos en dos dimensiones; casi nada…) y, para cerrar el ciclo, un padre fisioterapeuta que les aplicó vendajes y les hizo masajes. Una lástima no haber podido cumplir el deseo de la profesora Antonia, que era la participación de una madre cuya profesión fuese “ama de casa” (vocablo seguramente a extinguir, pero que cualquier lector entenderá), con la intención de dignificar una dedicación que sin ser profesión oficialmente da mucho más trabajo y soluciona más problemas que muchas actividades bien reconocidas y remuneradas. Una idea bien chula que sin embargo no llegó a cuajar entre los progenitores y progenitoras, pero bueno, tal vez poco a poco y en futuras ediciones, alguien se anime.


En definitiva, el resultado de la actividad solo puede calificarse de un éxito abrumador; es difícil imaginarse la satisfacción que da el observar cómo cualquier actividad que los adultos realizamos, a ojos de los pequeñajos, es terriblemente interesante y de una relevancia bestial. Ellos están libres de prejuicios, y les parece igual de increíble arreglar un molinillo de cien años, que aplicar un masaje, mirar por un microscopio o dirigir el tráfico. Somos nosotros los que, según crecemos e influidos por lo que nos rodea, establecemos rankings, categorías, y ponemos unas actividades por encima de otras. Cuando llega la hora en que los gobernantes aplican recortes y deciden qué es lo que prima, todos nos remitimos a dichos prejuicios y a nuestros ombligos para quejarnos de lo que nos parece más relevante, más prioritario; pero tal vez deberíamos, más a menudo, recapacitar sobre las miradas de asombro y las curiosidades que hemos inspirado a los más jóvenes estudiantes, reflexionar cómo ualquiera de ellos puede llegar a cambiar la sociedad desde profesiones y ocupaciones que a priori no consideraríamos cruciales, solo porque las han acometido desde la inspiración y la vocación más pura y absoluta, libres de juicios de valor previos. Las sesiones de los oficios son una constante lección de humildad, del valor de la diversidad, y de la importancia de comunicar y transmitir lo que hacemos en nuestro día a día, sea lo que sea. Me parece una muy buena lección de la que dejar constancia en la que será la última entrada en el blog antes del nuevo año. Y tal vez, pueda servir como un buen propósito de año nuevo. Comenzar 2018 juzgando menos, con la mente más abierta, y valorando más todo lo que hacen las personas con las que convivimos. La sociedad avanza (a trompicones, pero avanza), y lo hace gracias a todos y cada uno de sus integrantes.

Otra lección a sumar, de cuantas nos enseñan nuestros propios hijos. 

Carlos

HUERTO HUMANISTA 2017-2018: UN VIAJE EN TREN



Cole Humanista Mariner, finales de noviembre, año 2017...


Podemos imaginar fácilmente un tren antiguo avanzado lentamente entre el humo negro que deja a su paso la locomotora a través de un paisaje viejo y nevado de invierno, podemos imaginar ese mismo tren, un tiempo más tarde, atravesando ese mismo paisaje, dejando a su paso el mismo humo negro, que esta vez, se levanta camino de un cielo brillante y luminoso...totalmente azul. Podemos imaginar a los niños de nuestro cole creando y soñando...los podemos imaginar creyendo en sus propios sueños, deseosos de lanzarse al camino, deseosos de cumplir cada una de sus ilusiones...

El huerto de este mes trataba de utopías y de sueños, de imaginación y de camino, trataba de vida y de alegría, trataba de paciencia y de futuro...

Quien viera el huerto hace solo un mes, no podría reconocerlo ahora, aquellas enormes y altas hierbas, casi salvajes, habían desaparecido, quedando ahora una superficie preciosa, diáfana, toda de tierra, lista para la preparación y la siembra. Y así, los peques, nuestros peques, hicieron de ese cambio un reto de continuidad, y tal vez comprendieron, apenas como una intuición, que la vida es a sorbos lentos, que las cosas van a su ritmo; las nubes del cielo, el paso de las estaciones e incluso el viejo tren...todo a su ritmo...

Y así, sentaditos junto a ellos, después de sentir la tierra fría del otoño, nos pusimos a reflexionar, y vimos que para ellos la paciencia se tiene por conseguir el juguete más deseado, o por la llegada de un acontecimiento feliz, pero también se tiene por ese viaje, tal vez en tren, que se hace para ver a la familia en Navidad, y pudimos ver los ojos brillantes de la niña que ansiaba ese viaje y un poquito, junto a ella, nos emocionamos...

Y también, junto a ellos, vimos que la paciencia les generaba “impaciencia” por qué ellos son así, les cuesta esperar, quieren tomar cada sorbo de la vida conforme les viene, ¡que maravillosa espontaneidad!. Y de pronto, los vimos hablar de la aventura, y comprobamos que siempre prefieren seguir el camino por la ruta más divertida, y entonces, se les encendía la mirada, por qué a ellos les encanta soñar e imaginar, ¡que mejor gasolina para las piernas que la inigualable imaginación!. ¡Quien sabe adonde nos llevará el tren en esta nueva aventura!

Y los que ya son un poco más mayores, hicieron de su viaje una ruta hacia el futuro, para descubrir lo bueno que está por venir, las estaciones de vida repletas de nuevos y emocionantes hallazgos, y se llenaron de interrogantes que lanzaron al aire en compañía del humo misterioso que salia de la locomotora, y los vimos mirarse entre ellos y sonreír, y a otros los vimos callados y reflexionando, como quien mira pensativo el paisaje a través del cristal...pero sobre todo, los vimos juntos, atentos a todo, disfrutando del recorrido, anticipando la emoción de lo que pronto vendrá, ¡quien sabe que nueva estación de sueños nos aguardará en este apasionante recorrido por la vida!

El tren, poco a poco, aminora su ritmo, la vieja locomotora, al entrar en la estación, emite largos y entrecortados bufidos, en los andenes espera mucha gente, sus voces se escuchan con eco, huele a hollín y un poco a frío, el tren va frenado y por fin se detiene. Personas cargadas con bultos van bajando lentamente de los vagones, se escuchan risas, saludos y algún que otro grito...Y entre toda esa gente, una niña pequeña corre en busca de su familia. La espera siempre tiene su recompensa. Pronto será Navidad...




                                                      
                                                              ¡ Buen viaje!

Juanvi

PROYECTOS HUMANISTA: NUESTRA FABRICA DE SUEÑOS




En el cole “Humanista” nos gusta mirar allí, a lo lejos, por donde se pone el sol, e imaginar los horizontes más despejados y hermosos, nos gusta indagar por los caminos de los sueños más atrevidos y emprender las rutas más variopintas, repletas de aventuras muy, pero que muy divertidas...

Aquí, en nuestro particular mundo del Humanista, los peques se atreven con la tierra que tocan y saben de su magia, y entonces, aprenden a crear con ella, y se atreven con el aire que respiran, y mueven por el cielo las palabras para convertirlas en sentimientos. Y hablan, y ríen y se expresan...y todo lo que dicen, lo envían a través del universo en un viaje inacabable que...¿Quien sabe adonde llegará? Porque...¿Alguien sabe donde va, por donde viene, o qué lugar alcanzará un mensaje enviado a través de la radio?

Y aquí, en este mundo divertido del Humanista, los peques se encuentran, se abrazan, se miran a los ojos y aprenden a comprenderse; ¡Vaya camino apasionante! ¡Entender y que te entiendan! Nada como hacer una piña, todos juntitos y sentir cerca, muy cerca, el corazón de quien tienes enfrente. Aquí, en nuestro pequeño mundo de sueños del Humanista, tratamos de entendernos de corazón a corazón, entre aprendizajes, vivencias, letras, restas, divisiones y siempre, siempre, sumas y más sumas de emociones de las buenas, de las que te hacen reír por dentro...

Y así, desde nuestro pequeño huerto sembrado de ilusión y de vida, partimos raudos a viajar por el universo para contar a través de la radio y con nuestras propias palabras todo aquello que sentimos, y entre tanto, nos detenemos en el camino para indagar en nuestro interior y conocer a quién tenemos enfrente. ¡Menudo trabajazo! Y por si esto fuera poco, del sonido pasamos a la imagen, en una evolución más que evidente, porque además, en nuestro cole Humanista, ¡nos encanta el cine! Y qué es el cine sino una enorme fábrica de sueños...

¡Proyectos Humanista! ¡La fábrica de sueños del cole Humanista Mariner!


Desde las letras, los sentimientos, las vivencias y las sumas...


Juanvi



                       



Próximamente en  http://projecteshumanista.org/




En mi cole no había huerto

En mi cole no había huerto. Mi cole era de esos en los que prácticamente todo era cemento, hasta donde alcanzaba la vista. Al menos era cemento pintado de colores; el patio de los pequeños era verde, y el de los mayores, rojo. No debía ser una elección casual; más bien parecía una especie de advertencia, como si avisase de que, aunque el tiempo de recreo fuese el mismo, ojito con adentrarse en aquel territorio de gigantes donde un balonazo a doscientos kilómetros por hora era lo menos malo que un tierno infante podía encontrar. En cualquier caso, e independientemente de colores, como digo, el elemento reinante era el cemento, de ese que saca chispas de las rodillas infantiles como si fuesen piedras de mechero.

HUERTO HUMANISTA 2017-2018: ¡MARIPOSAS EN LA TRIPA!


TALLERES DEL HUERTO: DIAS 24,25 Y 26 DE OCTUBRE 2017


A todos los que estuvimos en estos primeros talleres del huerto nos bailaban alegres mariposas por toda la tripa. ¿A que sí? ¡La emoción de lo nuevo! ¡La expectativa de lo divertido! ¡La ilusión de una nueva aventura! Y puedo hablar por mí, novato en estas lides, y que nada más estrenarme como "papi" colaborador del huerto, pude cumplir con uno de mis sueños dorados de la infancia: ¡Ser locutor de radio!
¡Nada como volver a ser un niño para cumplir con un pequeño sueño pendiente y...de paso, mandarle una alegre sonrisa al destino y decirle, ¡Lo conseguí!  ¡Tal vez alguno de nuestros peques pudo encender también en su lindo corazón una suerte de incipiente y novedosa vocación! ¿No creéis? ¡Bien justificado entonces el vuelo de las alegres mariposas por toda la tripa!

El martes, día 24 de octubre, a las 15 horas, el hall del cole bullía, por los pasillos idas y venidas continuas, en el huerto todo listo y la radio ya en marcha. ¡La radio! ¡Que maravilloso amplificador de sonidos y de emociones! Las mariposas mientras tanto, alzando poco a poco su alegre y divertido vuelo...

Los más peques de primaria fueron los primeros habitantes de esta fantástica aventura; agolpados y llenos de prisa, llegaban alborozados con sus miradas llenas de brillo y unas ganas inmensas de pasárselo en grande. Los que habían tocado la "tierra del huerto" venían excitados, los que aún no, expectantes. Los "papis" que tuvimos la suerte de estar allí con ellos fuimos testigos de ese momento; de su ilusión por vivir algo distinto, de la alegría inocente de estar juntos haciendo cosas divertidas, del gusanillo de estar aprendiendo sin darnos apenas cuenta...Entre los niños más pequeños de este ciclo calaba fácil la palabra alegria, disfrutando de la expectativa de la novedad y de la ilusiónque nos dahacer cosas diferentes. Disfrutamos mucho con ellos del valor de la aventura, y vimos muchas miradas de brillo, ganas de divertirse y de aprender.

Para los chicos y chicas medianos la experiencia fue de los más variada, pero había un denominador común, en todos se percibía la ilusión por seguir trabajando en el huerto, todos valoraban el trabajo cooperativo, denotando la satisfacción por ayudar al compañero. ¡Y ese orgullo de haber obtenido un premio! ¡El premio al huerto del año pasado! ¡El premio por "su trabajo" bien hecho! Y miles de ideas surgieron, se propuso hacer un “Huertaurante” con todo lo cosechado, como una suerte de taller de cocina ecológica, también surgió la posibilidad del huerto vertical, o de pintar los murales de fuera...¡Imaginación al poder!
Y cuando se acercaban a la radio, todo cobraba un realce especial, la radio les emocionaba, les hacía sentir importantes, y les lanzaba a las risas y a las miradas de expectación entre ellos...

Y por fin llegaron los más mayores del cole, un grupo muy reflexivo, que hablaba de forma pausada, con palabras de más calado. Sus miradas eran profundas. Satisfechos por el trabajo bien hecho. Dando un buen valor al premio obtenido. Pudimos hablar del futuro, del desafío que supone este año tan importante para ellos. Quisimos valorar todo lo hecho, para forjar su autoestima, como punto de partida a nuevos caminos de crecimiento personal.¡Qué placer ver las caras de estos peques! ¡Casi poder sentir sus pensamientos! ¡Sentir su mágica comunicación en la radio! ¡Y sus sentimientos! Y desearles suerte...mucha suerte en este camino tan especial que tienen por delante.

Y así, en tres tardes maravillosas, pasamos por los no tan peques, por los medianos y hasta por los más mayores. Y fueron tres tardes que pasaron bien rápido, casi sin darnos cuenta, como las cosas buenas de la vida, las que luego se transforman en tesoros que quedan para siempre guardados en nuestro cajón personal de los recuerdos.

¡La aventura acaba de comenzar! ¡Nos espera un largo viaje entre ondas de radio, sueños y hortalizas!

¡A seguir volando, pequeñas mariposas de la tripa! 



                                                                     ¡sembrando!

                                                                           ¡Alegría!
                                                                          ¡Magia!

                                                                        Reflexión

                                                                       ¡Compartir!

                                                                       ¡Crear!

                                                                        ¡Logro!

                                                             ¡Sorprenderse!


Juanvi